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El estrés laboral se vive en casi todas las empresas y millones lo sufren en algún nivel. De acuerdo con un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OTI), refiere que ésta condición podría generar pérdidas de entre 0.5 y 3.5% del Producto Interno Bruto (PIB) en cada país, pues afecta la salud y desempeño del empleado, reflejándose en ausentismo, incapacidades y menor productividad.

En tiempos de crisis económica esta condición parece aumentar debido a una mayor demanda de productividad, al riesgo de recortes, despidos injustificados y relaciones interpersonales tensas, entre otros elementos, que afectan el ánimo y el desempeño de los empleados a cualquier nivel.

A nivel personal existen factores que lo desencadenan como: no tener un control de los resultados; cargas de trabajo que rebasan la capacidad de los empleados y horarios inflexibles.

Además, contar con monótonas rutinas; el no tener el conocimiento pleno de lo que se debe hacer; relaciones interpersonales tensas, críticas de los demás empleados o grillas que pretenden desacreditar la capacidad o imagen de una persona, entre otros.

En el estrés hay una fase de alarma que de ser prolongada disminuye la capacidad de respuesta y las personas acaban por llegar a la fase de agotamiento, la cual conduce a un estado de deterioro que se caracteriza por la presencia de fatiga, ansiedad y depresión, síntomas que pueden aparecer de manera simultánea o individual.

De forma conjunta se presentan patologías y enfermedades como: dispepsia, gastritis , ansiedad y posteriormente, úlceras y neurosis , dependiendo el tipo de estrés que pueden ser agudo o crónico. Cuando esto sucede, hay que enfrentarlo tanto a nivel personal como empresarial, en favor de la salud de los empleados y la productividad de la compañia.

Recomendaciones:

1 Cambiar hábitos o rutinas.
Es necesario siempre tener una idea clara del trabajo que hay que realizar, de los medios o materiales que se dispone y de las responsabilidades. Asegurarse de que las tareas sean ompatibles con las capacidades y recursos de los individuos.
Hay que tomar en cuenta la carga de trabajo entre los empleados. Establecer rotación de tareas y funciones en actividades monótonas. Proporcionar en la medida de lo posible el tiempo necesario para realizar la encomienda evitando prisas y que se hagan las cosas al “vapor”. Flexibilizar horarios, permitirle al empleado tiempo para asuntos personales, pero sin que sea muy recurrente y favorecer iniciativas de los individuos en cuanto a la forma en que ejercen su actividad.

2 No llevarse el trabajo al hogar
A nivel personal esto puede ser un error. Muchas veces en viernes, el ejecutivo prefiere dejar pendientes que debe entregar el lunes y no todo termina en la oficina. Hay que evitar esta práctica, pues va induciendo al estrés laboral negativo y puede contribuir a afectar la salud del ejecutivo o empleado. Las vacaciones y días de descanso son necesarias, pues con ello se renueva la energía y se depura la mente.

3 Reconocer logros
Toda persona requiere ser exitosa y retarse a sí misma a dar lo mejor de sí.
Muchos líderes organizacionales consideran que el trabajo es una obligación, más que una suma del talento dentro de la empresa.
Las empresas exitosas se caracterizan por saber conducir a sus integrantes a ser lo mejor en sí mismos.

4 Capacidad de innovar
La innovación es resultado de las funciones cerebrales de mayor capacidad aunadas a la liberación de serotonina que hace que la gente tome el trabajo como un juego que le permite salir fuera de la caja aportando de esta manera recursos adicionales a aquellas fortalezas con que ya cuenta la empresa.

5 Relajación
Opuesto a lo que se podría pensar sobre la velocidad del trabajo, esta velocidad se incrementa mientras es mayor el estado de relajamiento mental, los recursos mentales y físicos aumentan en un cuerpo sano, alimentación balanceada, estado de armonía y comunicación adecuada, dando como resultado el éxito empresarial.

Fuente : El Economista
Autor: María Teresa Zavala

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